miércoles, 21 de octubre de 2009

EL HUNDIMIENTO DE LA CIUDAD EN 1907*

Ciudadano en red
1 de octubre de 2009
EL HUNDIMIENTO DE LA CIUDAD EN 1907*
Mariano Téllez Pizarro
Texto original publicado en 1907

Como podrá juzgarse, los hundimientos tenían que ser constantes, y aun lo habían sido durante los 575 años que contaba México desde su fundación; pero estos hundimientos no alarmaban, ni siquiera se tomaban en consideración por la generalidad de los habitantes. Y al ver el trabajo asiduo de todos los Ayuntamientos de la Ciudad, a su turno, para terraplenar reponiendo lo que se hundía, nadie se daba otra explicación que el empeño que tenía el Municipio en levantar más y más los pisos de las calles para evitar las inundaciones parciales que la Ciudad sufría todos los años, sin cuidarse de que con estos terraplenamientos perjudicaban a los edificios enterrando sus basamentos.

Hasta 1898 se comenzó a caer en cuenta que la Ciudad se hunde, pues aunque desde 1860 y 1861 se hizo la primera nivelación general de la Ciudad, en 1876 y 1877 la segunda, en 1892 la tercera y la rectificación de esta última en 1897 y 1898, no había concordancia en las cuatro nivelaciones y, por el contrario, existían grandes diferencias que no era posible atribuir a errores habidos en el trabajo. En vista de esto, el estudioso Ingeniero D. Gabriel M. Oropeza, que había trabajado personalmente en las dos últimas, en un extenso artículo que escribió para la Sociedad Científica “Antonio Alzate” de la cual era miembro, hace una relación pormenorizada de las cuatro nivelaciones, y termina su escrito con cuatro tablas comparativas de varias de ellas, en que se manifiestan diferencias de 0m.30, de 0 m.35 y hasta de 0 m.40 en muchos puntos; lo que prueba que todavía en 1898, y aun por personas entendidas, no se creía en los hundimientos, pues de haber tenido esa creencia, no se habrían preocupado de la exactitud de las nivelaciones y sólo debieron haberse comprobado con la mira de hacer el estudio de los hundimientos.

En Marzo de 1900 se terminó la obra del Desagüe del Valle de México, y el túnel de Tequisquiac comenzó a funcionar desde entonces, continuando sin interrupción. Según datos oficiales, el túnel está arrojando fuera del Valle una cantidad de 3.800 litros por segundo, en promedio general, y por consiguiente en los siete años y tres meses transcurridos (con la salida extraordinaria de agua -que llegó al doble del promedio- en el año de 1904) han salido ya algo más de un mil millones de metros cúbicos de agua.

En 1903 quedó casi terminado el saneamiento de la Ciudad y su drenaje funcionando bien, a la vez que para el del Valle estaba ya sirviendo de dren el Gran Canal desde hacía más de dos años. Los efectos del drenaje de la Ciudad se han manifestado con la baja del nivel de la capa de agua ambiente -más de 2 metros- encontrándose en la actualidad en casi todos los lugares, con pocas excepciones, a más de 3 metros.

En el Valle, los efectos de su drenaje han sido desastrosos para el Gran Canal y las obras del Desagüe, pues el primero ha sufrido grandes desperfectos, los mayores en 1904, y las últimas los tienen con frecuencia en sus compuertas, puentes y demás obras de arte de las que quedaron terminadas en 1900; todo lo cual se remediará con la experiencia, el estudio y el trabajo.

A la causa constante que la Ciudad ha tenido para los hundimientos, desde su fundación hasta el año de 1900, han venido á agregarse recientemente otras que aceleran dichos hundimientos: La primera y principal es la retirada del agua del subsuelo, coincidiendo con el establecimiento de los tranvías eléctricos que sin interrupción producen fuertes vibraciones con sus pesados vehículos; y por último, los pesados cimientos de plataforma que se están empleando para los grandes edificios, que gravitan sobre un subsuelo que de día en día se hace más comprensible. Estas tres nuevas causas datan de la misma fecha:año de 1900.

Habiendo hecho con anterioridad mis observaciones acerca del cambio de condición del subsuelo de México, manifesté públicamente en un folleto, en Mayo de 1899, mi opinión de que en bajando 2 ó 3 metros el nivel de la capa de agua ambiente (á causa del drenaje de la Ciudad) y funcionando el desagüe directo del Valle, los hundimientos habrían de hacerse más notables y muy funestos para los edificios.

En 1905, siguiendo con mis observaciones, advertí que comenzaban a palparse esos efectos en varios edificios, y ya en 1906 se habían hecho muy notables en muchos otros. Con este motivo escribí dos artículos llamando la atención sobre el particular (que se publicaron en diciembre en varios periódicos y constan en apéndice) invitando a discusiones sobre la manera más eficaz de minorar el mal, ya que las causas eran inevitables, lo que dio lugar a la publicación de varios artículos; pero no satisfaciendo a la idea de entablar una discusión, el reputado ingeniero inglés, D. Carlos J. S. Hall, escribió una carta manifestando que todos los ingenieros, peritos en los distintos ramos de la profesión, deberían reunirse en cónclave solemne y debatir la mejor manera para evitar en lo sucesivo estos hundimientos,”que hoy están atribulando al H. Gobierno y convirtiendo la Ciudad de México en un verdadero cementerio de reputaciones profesionales.”

* Mariano Téllez Pizarro. Estudio sobre Cimientos para los edificios de la Ciudad de México, México, Tipografía de la Dirección de Telégrafos Federales, 1907.


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