sábado, 8 de agosto de 2009

Por sus pistolas

Cronicario
Por sus pistolas
Sergio Rojas

Marcelo Ebrard acabó por perder la poca sensatez que le quedaba. Ofuscado, déspota y prepotente, como aquella ocasión de 2005 cuando envalentonado porque tenía la protección de la fuerza bruta de los guaruras al servicio del jefe de Gobierno cacheteó a un joven albañil en Álvaro Obregón porque éste supuestamente había ofendido a su adorado y venerable mesías tropical, por enésima ocasión el absolutista gobernante, baladrón y aprensivo por el cargo público que sólo una porción de la población del Distrito Federal le confirió en las urnas, ordenó la invasión absoluta del ejido de San Francisco Tlaltenco, pasándose las leyes por donde a ese tipo de absolutistas trastocados el avasallamiento de sus opositores les causa placer en sus más bajos instintos.

En la capital de la República Mexicana suceden actos de gobierno que laceran los derechos humanos de minorías, con ciudadanos que están siendo agredidos físicamente y sus casas destruidas con trascabos sólo porque se atrevieron a oponerse a los designios absolutistas del déspota en turno emanado de las filas del Partido de la Revolución Democrática, razón suficiente para que todavía hoy mil 500 granaderos continúen en el ejido de Tlaltenco violentando el estado de derecho, porque como es el caso del señor Obdulio Romero Martínez, que se encontraba junto con sus familiares dentro de su propiedad al momento que fue sorprendido por empleados del Metro y granaderos, cuenta con un amparo en contra de esas acciones dignas de un estado totalitario. Aún así, desde ayer por la tarde fue golpeado dentro de su propiedad y encarcelado junto con Gabriel Romero, Luís Rodolfo Rodríguez y Moisés Romero Becerril, este último de apenas 14 años de edad, y presentados en la Agencia Número 2 del Ministerio Público (MP) en Tláhuac.

Hasta el momento, la gente del fiscal de Tláhuac, Gerardo Monroy Rosas, todavía no encuentra la manera de fincarle responsabilidades por oponerse a una obra pública a los señores Obdulio, Gabriel y Luís Rodolfo, así como a Héctor Mendoza y Héctor Hugo Rodríguez, quienes siguen detenidos por decisión suprema, para que su privación de la libertad sirva como escarmiento a aquellos infelices opositores que todavía dudan de la fiereza y arrojo de quienes conforman la casta divina de la Kamarilla perredista en el poder local.

Esta semana el gobierno capitalino ya debió haber otorgado el primer pago a la empresa ICA por concepto de las obras de la línea 12 del Metro, desembolso que hasta donde sabemos fue de 300 millones de pesos, como quien dice una bicoca si se toma en cuenta la dimensión de la obra, la cual tiene ya considerable retraso debido a que como la empresa constructora no veía claro, tuvo que suspender los trabajos. Pero como ya el gobierno federal le prometió a Marcelo Ebrard que le iba a entregar tres mil 500 millones de pesos para su ‘línea dorada’, éste decidió recuperar tiempo aunque fuese atropellando los derechos humanos de quienes se opusieron a vender su patrimonio.

Y como el Supremo está intratable, por más que busque salir en la televisión en todos los noticieros con su gesto adusto de experto todólogo, dando cátedra de cualquier asunto que concierne a la ciudad cual Mario Moreno en su cantinflesco personaje del ‘Profe’, siempre hablando en primera persona como para apantallar y reprender incautos opositores, la realidad es que los policías y granaderos a su cargo ya golpearon personas y les destruyeron su vida echándoles abajo sus casas y todo cuanto en ellas había.

Por eso sería conveniente que el gobierno federal, el que encabeza el (dizque ‘ilegítimo’ para Ebrard y su jefe López) Presidente Calderón, para revertir la grave situación que viven los habitantes de Tláhuac y de otros rumbos de la ciudad, incluso de caos vehicular y peatonal por lo que suceden varios accidentes al día, tomara en sus manos la construcción y supervisión de la línea 12 del Metro.

Si Felipe Calderón decide que el gobierno federal debe hacerse cargo de la obra, definitivamente que el dinero rendiría mucho más, porque el 10 por ciento de los hasta ahora 25 mil millones de pesos que tendría de costo, y que significan el monto de la comisión para el otorgante de la obra, algo así como dos mil 500 millones de pesos, pues casi sería el equivalente a la aportación federal y el dinero se podría utilizar en la compra de más y mejores trenes, por ejemplo.

Aunque, eso sí, habría un suspirante presidencial que literalmente pondría el grito en el cielo porque se quedaría sin recursos para su campaña.

Ojala y la podredumbre y corrupción que sufrimos quienes vivimos en la capital de la República todavía pueda tener algún remedio.
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No al BASURERO en Tláhuac, No al CIRE en Tlaltenco

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