domingo, 21 de junio de 2009

Grietas ponen en peligro a populosa capital mexicana

sábado 20 de junio de 2009

Por Anahí Rama

MEXICO DF (Reuters) - Al joven mexicano Alejandro Ramírez literalmente se lo tragó la tierra hace dos años.

Luego de fuertes lluvias, una repentina grieta se abrió en una de las partes más pobres de la Ciudad de México y devoró al muchacho de 19 años. Fue hallado muerto tres días después a 22 metros de profundidad en la fisura donde también cayó un auto.

En esa zona de la enorme capital, muy propensa a sufrir sismos, miles de personas aún viven con temor por las 400 grietas y fallas que convierten al fangoso subsuelo en una especie de queso gruyere.

Desde hace años, en la delegación Iztapalapa muchos viven en casas de paredes cuarteadas, transitan cotidianamente por calles con hondonadas y sus hijos estudian en escuelas que corren peligro de hundirse.

"Cuando el último temblor, en mayo, ya me preparaba para que la casa se derrumbara", dijo Hilaria González, un ama de casa de 48 años que hace dos abandonó la vivienda que habitaba desde su adolescencia junto con su familia y se mudó enfrente.

En las rajadas paredes de la casa, por las que se filtra la luz del exterior, cuelgan viejas fotos de bodas y bebés y un gran cuadro de la virgen de Guadalupe, como si en cualquier momento la familia fuera a regresar. La mujer dice que las autoridades capitalinas no le han dado respuesta en tres años.

Esta vivienda y otras son atravesadas por una grieta de 1,000 metros de largo en un barrio donde los desniveles del terreno han recostado algunas casas sobre otras.

Estos problemas se extienden a otras delegaciones del este y el sur de la capital como Tláhuac, Xochimilco, Iztacalco e incluso la céntrica Venustiano Carranza, donde se ubica el principal aeropuerto del país.

La vieja ciudad que hoy es México fue fundada por los aztecas en el siglo XIV en un islote rodeado por una red de lagos y canales, que con el tiempo se fueron drenando para expandir la ciudad. Pero el subsuelo sigue siendo fangoso.

Como si fuera poco, la megalópolis tiene cuevas bajo tierra de mineros que extraían materiales para su construcción y además consume cantidades exhorbitantes de agua que drenan poco a poco el estrato de barro. En poco más de un siglo la ciudad se hundió ocho metros, según especialistas.

PELIGRO LATENTE

Por ahora, Iztapalapa, donde viven dos millones de habitantes -17,500 personas por kilómetro cuadrado- no ha sufrido grandes accidentes por estas grietas, pero el peligro está latente en esa región asentada sobre materiales arcillosos y volcánicos que sufre una larga temporada de lluvias.

Los vecinos ya han visto brotar gasolina de la tierra cuando una grieta dejó al descubierto un ducto de la petrolera estatal y fueron testigos de como un camión que transportaba gas quedó parcialmente sumergido cuando se hundió el asfalto.

Los habitantes de la zona protestaron después de la muerte del adolescente, y la delegación decidió instalar un centro de monitoreo con la idea de detectar temprano las fisuras y rellenarlas en algunos casos con material expansivo.

"No hay una solución definitiva para las grietas, sólo se puede mitigar su efecto", dijo Jaime Ocaranza, encargado del centro de monitoreo.

Las autoridades de esa delegación están revisando las 500 escuelas de la zona, poniendo pilotes y reforzando los cimientos para evitar un desastre.

La angustia por la aparición de grietas invadió también a principios de mes al valle de Chalco, en el Estado de México vecino a la capital, donde en medio de la noche se abrió una grieta de casi dos kilómetros a lo largo de un complejo de 3,500 viviendas de interés social construidas hace poco.

"Todos los vecinos vinimos aquí con la ilusión de la primera casa propia", dijo Rodolfo Pimentel, uno de los tantos desconsolados habitantes de casas ahora fisuradas por la grieta y surcadas por cintas rojas con la leyenda de "peligro".

"Ahora la empresa ofrece arreglar la casa, pero nosotros queremos otra o la devolución del dinero. Las grietas no se arreglan", dijo el hombre, un conductor del metro de 53 años.

(Reporte adicional de Miguel Angel Gutiérrez. Editado por Pablo Garibian)


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No al BASURERO en Tláhuac, No al CIRE en Tlaltenco

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