lunes, 4 de mayo de 2009

Jonathan Villanueva Ciudad
Lunes 4 de Mayo, 2009 LA CRONICA

Resguardo. Elementos de la Secretaría de Seguridad Pública permanecen vigilando el predio de Terremotitla.
Hoy más que nunca los habitantes de la ciudad saben lo que es vivir un encierro. Estar en casa, con la consigna de no salir al menos que sea extremadamente necesario; sin embargo, algunos ejidatarios de Terromotitla ni siquiera se pueden dar ese lujo.
Hace exactamente un mes que el gobierno de la ciudad tomó posesión de aquella zona de Tláhuac para iniciar la construcción de lo que será la terminal de la Línea 12 del Metro; y todavía hay cinco familias que se resisten a dejar sus tierras...Don Félix Méndez, “hijo de ejidatario”, como él mismo se hace llamar, es simplemente otra víctima de los abusos del poder.
Al igual que la señora Leticia Reséndiz, de quien Crónica ya dio cuenta, lleva 30 días ahí, sin agua y sin luz y apenas con algo para comer.Sentado en un madero, frente a la choza de ladrillo rojizo y techo de lámina picada recorre sus tierras con la vista, las tierras fértiles, las de prosperidad, las de gratos recuerdos familiares.
Hoy desoladas; resguardadas por granaderos.Padre de cuatro hijos, el hombre de 54 años sostiene que lo de menos es permanecer así, acarreando dos cubetas de agua diariamente por más de dos kilómetros para hacerse de los servicios mínimos, pero eso sí, pide un alto a las intimidaciones.
Si bien las autoridades no han podido comprar mis tierras, añade, no tienen por que enviarme a los granaderos a amenazarme con que me van a sacar a golpes una noche de éstas, para luego derribar mi propiedad.Acomoda su sombrero antes de tomar una rama con su mano derecha, luego juguetea con ella y sus guaraches gastados, pero ni eso consigue aminorar su molestia. Pues considera que nadie tiene derecho a obligarlo a dejar su trabajo: su hogar.
El intenso sol de primavera cae a plomo, acto seguido el sudor aparece. Retoma la palabra tras escuchar la pregunta del porque su vivienda está vacía.—Eran las 4:00 de la madrugada cuando a punta de madrazos me sacaron de mi casa. Lo recuerdo bien porque una noche previa nos avisaron de que antes que saliera el sol íbamos a saber lo que significa no querer negociar con el gobierno.“Nunca me dejaron hablar hasta que estuve afuera. Después que les mostré que yo seguía teniendo los papeles que acreditan dos mil 500 metros cuadrados, me permitieron regresar”.
Cuando eso sucedió, ya habían transcurrido cuatro horas: la casa estaba vacía. El refrigerador, una estufa, el tanque de gas, un par de camas y la ropa habían desaparecido.Socorro Vargas (su esposa) y sus cuatro hijos visitan al jefe de familia desde el otro lado del alambrado de púas; colocado por las autoridades locales. Perímetro custodiado por uniformados. Guardianes celosos de su encomienda.Afuera, los ejidatarios opositores a la magna obra del gobierno perredista, continúan monitoreando la integridad física de los pocos que no han podido ser expulsados de Terromotitla.
A dos cuadras de ese lugar, en la iglesia de Mazatepec, un grupo de ejidatarios en resistencia, mantienen un campamento, el mismo que anuncia con iniciar una batalla, al grito de auxilio de cualquiera de las cinco familias que aún siguen adentro.
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No al BASURERO en Tláhuac, No al CIRE en Tlaltenco

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