miércoles, 8 de abril de 2009

La Ciudad de los Palazos

Opinión de
(Juan José Huerta | )

La Ciudad de los Palazos
Juan José Huerta | Opinión
Martes 7 de Abril, 2009 | Hora de modificación: 01:11

Palo dado ni Dios lo quita, y en esta ciudad de México los palazos son la constante; y no me refiero a los palos que de cuando en cuando son atizados a la gente por los agentes del orden, por dolorosos o injustos que puedan ser, sino a los frecuentes ucases, derivados del más chato criterio de la autoridad, sin respetar criterios de utilidad generalizada, de sustentabilidad ambiental o de paisajística y tradición urbanas, que el ciudadano ha de soportar, con pocas posibilidades de hacerles frente.

Así, se proyecta el Arco del Bicentenario, el Tranvía de Buenavista, el Callejón del Bicentenario en Tlaxcoaque (perdón, la Plaza Bicentenario); los puentes vehiculares, “deprimidos”, “segundos pisos”, túneles, como solución principal a la movilidad de vehículos y personas. También el Paseo Ixca Cienfuegos; las clases de náhuatl a funcionarios del GDF (¿pasarían el curso?); amontonar a vagoneros en accesos y pasillos del Metro; o decretos francamente ridículos, como el cambio de nombre a las estaciones Viveros y Etiopía del Metro, que se llaman ahora Derechos Humanos y Plaza de la Transparencia, con un túnel no tan ridículo, pues costará 90 millones de pesos, para conectar al edificio de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal con su nueva estación.

En este artículo me refiero a varios de los ucases más graves de la presente administración del DF: el “nuevo” esquema altamente centralizado, de incineración de residuos sólidos, que llaman Centros Integrales de Reciclado y Energía (CIRE’s), en particular el proyectado en Tláhuac; un nuevo reclusorio en la zona, y el trazo absurdo de un proyecto que si bien pareciera pertenecer a una solución racional de transporte masivo, el Metro, ha incurrido en graves fallas, como la línea 12 o Dorada, al conectar en uno de sus extremos lugares relativamente despoblados y, peor, al invadir, como el CIRE de Tláhuac, lo poco que queda en esta ciudad de áreas naturales, suelos de conservación y producción agrícola y de recarga de los mantos freáticos.

Ejidatarios y vecinos de la Delegación Tláhuac, fuertemente afectados por dichos proyectos se han organizado para protestar por la arbitrariedad en las decisiones de llevarlos a cabo precisamente en esa zona, pero se ha enfrentado a un muro. No se explican cómo es que cambió de repente el enfoque de desarrollo sobre esa zona, cuando en enero de 2008 se había anunciado la rehabilitación, con recursos del Fondo Metropolitano, de los humedales de Tláhuac (junto con los del Valle de Chalco), proyecto considerado en ese entonces como “uno de los más importantes en materia ecológica..., de trascendencia para nuestra generación, pero sobre todo para las que vienen”, en palabras del subsecretario de Programas Metropolitanos Héctor Hernández. Los humedales de Tláhuac y los de Xochimilco son fundamentales para la recarga de los mantos acuíferos del DF, pero ahora se les invade, se les llena de escombros, se les urbaniza, se les deja secar (en relación con los de Xochimilco así lo ha denunciado Iván Restrepo).

En la Asamblea Legislativa del DF algo ha pasado también, pues se cambió el Programa de Desarrollo Urbano de la Delegación de Tláhuac para permitir esos megaproyectos... o para construir edificios de vivienda de hasta 15 pisos, centros comerciales, legalizar asentamientos irregulares, etc.; es decir, para permitir la urbanización intensiva de lo que eran y debían de haber permanecido suelos de conservación. Luego, en noviembre pasado, el GDF expropió terrenos allí o entabló “negociaciones” con propietarios para que accedieran a vender sus parcelas al Sistema de Transporte Colectivo Metro.

Hay que decir que en estos días la ALDF aprobó por unanimidad un punto de acuerdo para pedir la suspensión de los trabajos de la línea 12 del Metro en Tláhuac, dadas las modificaciones realizadas al trazo original de este proyecto sin previa consulta con los ciudadanos, lo que no tuvo efecto.

Por estos palos han venido protestando ejidatarios y vecinos de Tláhuac, que han integrado el Frente de Pueblos de Anáhuac, infructuosamente pues los proyectos siguen. El viernes pasado, sus manifestaciones fueron enfrentadas por granaderos que vigilaban la zona, y fueron detenidos 19 de sus integrantes, afortunadamente liberados después, aunque el GDF sigue hostigando a los que no quieren “vender” sus tierras. Anunciaron que seguirán sus protestas, pacíficamente.

Estos ciudadanos no se oponen al progreso de la ciudad; al contrario, su lucha es por preservar lo valioso de la misma y su sustentabilidad a largo plazo. Los grandes proyectos urbanos son válidos, siempre y cuando sus beneficios, además de llegar a los grandes constructores, sean tangibles también para los ciudadanos de a pie. Y en una ciudad tan escasa de suelos de conservación y recreación, los grandes desarrolladores, no a palazos, tienen que poner a ejercer su imaginación para ganar dinero y, al mismo tiempo, no devastar a las comunidades. ¿Por qué no aprovechan sus grandes proyectos, como en otras grandes ciudades del mundo, para rehabilitar o renovar grandes barrios, zonas ya urbanizadas pero derruidas o abandonadas?

El jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, señaló a fines de marzo, al entregarle al presidente de Costa Rica, Óscar Arias, las llaves de la ciudad, su “compromiso en materia ecológica”: “La ciudad de México tiene sus planes verde, de cambio climático, y próximamente presentaremos el plan de ahorro de energía”. ¿Sería mucho esperar que así lo demostrara en Tláhuac?

huertajj02@hotmail.com

pliegodejjhuerta.blogspot.com

FUENTE WWW.CRONICA.COM.MX
No al BASURERO en Tláhuac, No al CIRE en Tlaltenco

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