lunes, 6 de abril de 2009

El (no muy) carnal Marcelo y su modernidad

El (no muy) carnal Marcelo y su modernidad
Por Ernesto Aréchiga Córdoba
Dedicado a mi amigo Baruc Martínez y a todos los hombres y mujeres que integran el Frente de Pueblos del Anáhuac.

El viernes 3 de abril de 2009 el Gobierno del Distrito Federal dio muestras, una vez más, de su carácter intransigente y su muy escasa inclinación para dialogar con la gente del pueblo.
Muy de madrugada, como corresponde a la estrategia propia de policías y ladrones que ocultan sus vergonzosos actos en el manto obscuro de la noche, varios cientos de granaderos penetraron las tierras de Tlaltenco para tomar el ejido y expulsar por la fuerza a sus últimos ocupantes, personas que se han opuesto al proyecto de construcción del Metro en primer lugar, porque defienden la tierra que trabajan como lo hicieron sus abuelos campesinos, y en segundo lugar, porque el gobierno del Distrito no ha explicado con suficiencia cuáles serán los impactos que dicho proyecto traerá para el medio ambiente de una zona de reserva acuífera y cultural donde aún se siembra en chinampas y que forma parte de un patrimonio que la UNESCO reconoce como de carácter universal, recomendando, por consiguiente, su preservación.

Como lo denunciaron diversos urbanistas en un foro realizado este mismo viernes en la UAM Xochimilco, la denominada Línea Dorada forma parte de un proyecto más amplio que incluye la construcción de un Centro Integral de Reciclaje y Energía, un Centro de Readaptación Social, una academia de Policía y un corredor industrial y comercial que, en conjunto, transformarán de manera radical uno de los últimos reductos campesinos del Distrito Federal. La chinampería, las tierras ejidales, los canales y los pequeños lechos lacustres y humedales que prevalecen entre Chalco, Tláhuac y Xochimilco han servido hasta ahora, como un freno precario para la urbanización pues, sin que la hayan impedido totalmente, han mantenido libre un área de recarga de mantos acuíferos donde se siembra y se preserva un medio ambiente donde aún se reproducen especies animales y vegetales propias de la región.

Entretanto, Marcelo Ebrard ha mostrado su nula disposición para difundir de manera transparente y pública los impactos ambientales y sociales de su proyecto modernizador. Su intransigencia, en cambio, demuestra en los hechos que su política favorece los intereses de las grandes constructoras e inmobiliarias que se encuentran trabajando ya en las obras del metro y especulando con los posibles beneficios de transformar la tierra rural en suelo de uso urbano. La creación de empleo y las supuestas bondades económicas multiplicadoras que trae consigo cualquier obra urbana, no son razones suficientes para cerrar cualquier puerta al diálogo, ni siquiera en tiempos de profunda crisis económica. Menos aún para reprimir a personas que han manifestado una y otra vez su disposición a dialogar, demandando con justicia un respeto para sus formas tradicionales de subsistencia así como la presentación pública de los estudios ambientales y técnicos que demuestren los impactos ecológicos y sociales del proyecto gubernamental. La represión contra el Frente de Pueblos del Anáhuac, ocurre al mismo tiempo en que la Asamblea Legislativa le pide al Jefe de Gobierno que suspenda las obras del Metro hasta que presente con claridad los estudios de impacto ambiental relativos a su desarrollo. El desalojo y la toma violenta de los predios parecieran indicar su intención de avanzar en las obras hasta un punto irreversible sin detenerse ante nada ni escuchar a nadie. A esta ciudad le urge transporte colectivo masivo, ni duda cabe, pero no puede hacerse en contra de la gente misma que se pretende beneficiar, ni puede hacerse sin considerar el de por sí muy frágil equilibrio ecológico de la cuenca de México en la que se levanta nuestra capital.
En mayo de 2007, en el acto de instalación del Consejo de Barrios y Pueblos Originarios del Distrito Federal, Ebrard sostuvo la necesidad de enseñar el náhuatl y respetar los usos y costumbres de los pueblos, así como rescatar su cultura, su historia y su memoria. En una afirmación por demás polémica a la luz de los acontecimientos actuales, habló también sobre la necesidad de "insertar" a lo pueblos y barrios en el futuro de la ciudad. Discurso hueco, de dientes para afuera, para quedar bien con una de sus muchas promesas de campaña, pero que supone a la cultura y a la historia como meras entelequias sin relación material alguna con la tierra y las formas concretas de repartirla, trabajarla y preservarla. Terromotitla nos recuerda, en actos palpables y no palabras que vuelan al viento, las verdaderas intenciones de nuestro Jefe de Gobierno que van en contra de todo lo que podría esperarse, idealmente, de un gobierno de izquierda.

En las manos de Ebrard lucía bastante mal el bastón de mando que los representantes de los pueblos le entregaron durante la ceremonia de 2007 en señal de respeto. No es una cuestión de estilo sino de ignorancia: lamentablemente nuestro Jefe de Gobierno desconoce profundamente a nuestros barrios y pueblos originarios. En cambio, Marcelo Ebrard es un buen discípulo de sus maestros y de sus ancestros. Con Camacho Solís aprendió la forma priísta de gobernar, de comprar conciencias y reprimir a los que no venden ni el alma ni la tierra. De su antecesor Marcel Ebrard, comerciante francés inmigrado a México en tiempos de Don Porfirio, trabajador y copropietario de una de las tiendas departamentales más importantes de su época, Marcelo Ebrard parece haber heredado, además del nombre, una cierta visión comercial que impregna su política, así como una determinada obsesión por entender a la modernidad siempre en el añoso espejo de Europa. En sus discursos ha repetido una y otra vez que las obras de remodelación, modernización y desarrollo de redes viales y de transporte tienen el fin de hacer de esta ciudad una urbe de primer mundo, a la europea o, en todo caso, a la estadounidense, como cuando abiertamente se manifestó admirador del alcalde Giuliani y su opción cero para controlar a la delincuencia. Nada que ver con una ciudad en la que coexistan los más modernos sistemas de transporte o de comunicación, con los más antiguos métodos de trabajar la tierra, como las chinampas adaptadas al medio lacustre de nuestro valle, producidas y trabajadas por campesinos que lo mismo navegan en Internet que en los apantles y acalotes que los llevan a las milpas en el lago que sembraron sus abuelos desde hace muchas generaciones.

Con un saludo respetuoso para toda la gente de Tláhuac, Xochimilco, Tláhuac, Tlalpan, Milpa Alta y Cuajimalpa que defienden dignamente sus tierras, sus tradiciones, su memoria, su cultura.
__._,_.___
No al BASURERO en Tláhuac, No al CIRE en Tlaltenco

0 comentarios: