domingo, 11 de enero de 2009

Tláhuac se convertirá en el Atenco de Marcelo

José Contreras | Opinión Sábado 10 de Enero, 2009 CRÓNICA

La oposición de los habitantes de varias colonias de la delegación Tláhuac al Proyecto Integral de Desarrollo de la Zona Oriente, que incluye la construcción de la Línea 12 del Metro, crece día con día, sin que las autoridades del Gobierno del Distrito Federal muestren capacidad de concertación.

Lo que hasta ahora es un conflicto de tipo vecinal puede adquirir el nivel de un conflicto social con impacto mediático a nivel internacional, por el involucramiento de los descendientes del general Emiliano Zapata a favor de los colonos inconformes.

El domingo 4 de enero, Édgar Zapata, bisnieto de Emiliano Zapata, acudió a la Plaza Centenario, en el centro del poblado de Tlaltenco, para manifestar el respaldo de los veteranos de la revolución zapatista a la lucha de los vecinos.

El lugar del encuentro entre los inconformes de Tláhuac y el bisnieto de Zapata fue el mismo que las tropas del general tomaron el 14 de julio de 1914, en plena rebelión contra el gobierno de Victoriano Huerta.

De acuerdo con la reseña publicada en el diario digital puntoporpunto.com, Édgar Zapata pidió desde un templete a los ejidatarios de Tláhuac que no vendan sus tierras y que hagan valer sus derechos “para impedir la imposición de este proyecto”.

El bisnieto de Emiliano Zapata continuó: “En Morelos nosotros frenamos la instalación de un basurero en Anenecuilco, como lo quieren hacer aquí; querían instalarlo en la cuna del general Zapata”.

Dijo que en Morelos se detuvo la obra del basurero porque “el pueblo se levantó primero pacíficamente por la vía legal, pero si las autoridades no hacen caso, ¿qué nos toca?”.

El bisnieto de Emiliano Zapata fue de Cuautla, en donde vive, a Tláhuac, a algo más que a manifestar el respaldo de los veteranos de la revolución. En su discurso incita a la rebelión y al levantamiento.

Pudieran parecer una serie de frases folclóricas de un joven de 26 años que es descendiente de Emiliano Zapata, pero mal harían las autoridades del Distrito Federal en subestimar ese discurso, pronunciado ante un plaza pública repleta de colonos que ven amenazadas sus tierras.

El lugar en donde estará ubicada la terminal de la Línea 12 del Metro, en la zona rural de la delegación Tláhuac, está resguardado por granaderos de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal.

Sin embargo, los colonos pusieron en marcha un programa de guardias vecinales para impedir que pase la maquinaria y están dispuestos, así lo aseguran, a emprender las acciones necesarias para no permitir que se construya la obra.

A la resistencia física se sumará la jurídica. El pasado miércoles, los vecinos de Zapotitlán y Tlaltenco recibieron el apoyo de un grupo de abogados que tramitará amparos para los propietarios que sufran la expropiación de sus tierras.

Durante una reunión, a la que asistieron representantes de equipos de futbol, comités vecinales y algunos delegados de mayordomías, se acordó no acudir a las mesas de diálogo con las autoridades del GDF, pues de entrada éstas, dicen los dirigentes, se han negado a mostrar el plan integral de las obras.

En los últimos días se han sumado a las acciones de resistencia los vecinos de varias colonias de la delegación Iztapalapa cuyo territorio es atravesado por la calzada Tláhuac, una de las rutas de la Línea 12 del Metro.

En colonias como Culhuacán, Lomas Estrella, El Vergel y otras ya se organizan brigadas para sumarse, de alguna manera, a las acciones de bloqueo de las obras.

El problema que enfrenta el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, es grave, pues si no hay una adecuada promoción del diálogo, sólo quedaría el uso —legal ciertamente— de la fuerza pública.

Pero, ¿se atreverá Marcelo Ebrard a lanzar a los granaderos en contra del bisnieto de Emiliano Zapata y los veteranos de la revolución del sur? ¿Estará dispuesto a imponer a sangre y fuego las obras con el riesgo de convertir a Tláhuac en otro Atenco?

Insistimos: la autoridad no debe subestimar la resistencia ni la capacidad de reacción de los colonos. No hay que olvidar que Tlaltenco está muy cerca de San Juan Ixtayoapan, el poblado en donde en el 2004 fueron quemados vivos tres policías federales por una turba enardecida.

El GDF está obligado a encontrar una solución satisfactoria a este conflicto que crece día con día y que de no ser atendido debidamente, puede llevar a un enfrentamiento violento y a la tumba política de Marcelo y del perredismo de la región.

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