miércoles, 28 de enero de 2009

ADVIERTE BISNIETO DE ZAPATA CON INTERNACIONALIZACIÓN DE LA LUCHA DE TLALTENCO

Armando Ramírez 

           El perredista gobierno del Distrito Federal debe abrirse al diálogo y escuchar a los habitantes del pueblo de Tlaltenco que se oponen los proyectos como el Metro y el Centro Integral de Reciclado y Energía, porque, de lo contrario, podría surgir un movimiento social respaldado por organizaciones indígenas y campesinas de otras parte de México, advirtió el bisnieto del general Emiliano Zapata, Edgar Zapata.

                Zapata destacó también que la negativa al diálogo por parte de la administración encabezada por Marcelo Ebrard podría desencadenar la internacionalización de la lucha de los habitantes de Tlaltenco, además de que ahora ya no deberá enfrentarse sólo a ellos, sino también con un amplio movimiento nacional e internacional que incluiría grupos de Europa y Sudamérica.

                El bisnieto del general regresó a Tlaltenco, para confirmar su apoyo solidario a los habitantes de uno de los siete pueblos de la delegación Tláhuac, en su lucha contra los proyectos “estratégicos” que el jefe del Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, intenta imponer en la demarcación.

                Historiador de profesión y con apenas 28 años de edad, con un hablar pausado, insiste en abogar por el diálogo y rechazar la imposición, porque un considera que un gobierno revolucionario debe escuchar a la gente y no debe ser autoritario.

                “No puede haber progreso sin el respeto a las tradiciones de los pueblos, sin beneficio para ellos, sin consenso”, apunta.

                Para Zapata, lo que sucede en Tlaltenco es similar a lo que sucedió en Atenco con lo del aeropuerto o en Tepoztlán con lo del campo de golf, lugares donde el gobierno optó por la imposición.

                El integrante de la cuarta generación de los herederos de Zapata aclara que no llama al enfrentamiento, mucho menos a la lucha armada, como hace cien años lo hizo su bisabuelo, pero advierte que el movimiento de apoyo a los ejidatarios de Tláhuac, llegara hasta donde tope, hasta donde el gobierno de Ebrard quiera.

                “Estamos contra el Metro, contra el Centro de Reciclado, contra las unidades habitacionales, contra la cárcel, porque Morelos, está lleno de unidades habitacionales y los fraccionadores le han quitado el agua a los campesinos”, puntualiza.

                El egresado de la Escuela Nacional de Antropología e Historia advierte que con los proyectos de Ebrard la zona va perder la identidad, como ya sucedió en su estado natal.

                Zapata visitó la primera vez el pueblo de Tlaltenco el pasado 4 de enero, cuando se encontró con sus habitantes, a quienes les manifestó su solidaridad hacia la lucha que llevan a cabo para evitar que se pierdan sus tierras de cultivo.

                Para hacer sentir ese apoyo, el bisnieto del general impulsa la creación de una organización social nacional e internacional que difunda la lucha de los ejidatarios, con la participación de los herederos de zapata, de la revolución, del Movimiento Plan de Ayala y de otras organizaciones indígenas y campesinas de México y otros países.

                El joven de 28 años guarda un especial recuerdo de su abuelo, Mateo Zapata, uno de los cinco hijos reconocidos del general, junto con Nicolás, María Elena, María Luisa y Diego.

                “Los principios de la revolución, del zapatismo, me los inculcó Mateo, mi abuelo”, relata.

                Zapata explica que su abuelo predijo lo que está sucediendo y le insistía en que no había que dejar morir al campo, al campesino.

                Para el heredero de Zapata, el zapatismo, el legado de su bisabuelo, no es propiedad de una solo familia, le pertenece a todo un pueblo, pero tampoco es una bandera política propiedad de un grupo o partido.

                “Los partidos políticos sólo utilizan la imagen de Zapata y dejan a un lado sus ideales y sus principios”, apunta.

                Cuando el gobierno se niega el gobierno al diálogo, se crean situaciones similares a lo ocurrido hace cien años, la gente está harta ya, ya no aguanta más, y lo que ocurre en Tlaltenco podría encender la mecha, sentencia.

                El historiador, originario de Cuautla reitera, “ganamos más con el diálogo y con un proyecto consensado” además de que “falta un proyecto de nación al margen de los partidos, con campo que ya no aguanta más”.

                “Se festeja el centenario de la revolución, pero se olvidan de los herederos de la revolución, de las viudas, de los huérfanos de la revolución”, reclama.

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